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Yoga, camino hacia la armonía

En la obra El banquete (o diálogo del amor) de Platón, Eryximaco expone el amor como resultado de la consonancia de elementos opuestos. Por ejemplo, dice, mientras el sonido agudo y el grave continúen oponiéndose no podrá haber armonía. Sólo es posible conseguir la armonía si entre estos elementos cesa la discordancia. Más adelante, siguiendo con su argumentario, se sirve de las estaciones del año para seguir refiriéndose a ella, a la armonía: todas las veces que los elementos (el frío, lo caliente, lo húmedo, lo seco…) contraen los unos por los otros un amor ordenado y componen una armonía justa y moderada, el año adquiere fertilidad y es saludable a los hombres, a las plantas y a todos los animales sin perjudicarlos en nada. Pero cuando es el amor intemperante el que prevalece en la constitución de las estaciones, destruye y arrasa casi todo, engendra la peste y toda clase de enfermedades que atacan a los animales y las plantas; las heladas, el granizo y el añublo provienen de este amor desordenado de los elementos. (Diálogos. Espasa-Calpe. 1979).

El amor hacia nosotras y nosotros mismos, sin juicios, desde el perdón, es nuestra armonía interior. Esa armonía interior nos aporta fortaleza emocional a la vez nos aporta estabilidad y seguridad; la base para poder afrontar los retos de la vida desde la creatividad. De todas formas para encontrar la armonía conviene lidiar con elementos opuestos de la misma forma que le conviene a las estaciones del año. En nuestro caso, el cuerpo y la mente. El cuerpo, que por naturaleza es vago, y la mente, que por naturaleza es frenética. El yoga es un camino para conseguir la consonancia entre estos dos elementos opuestos, la alineación de cuerpo y mente.  De esta forma, desde la armonía, desde tu fortaleza interior podrás proyectarte con todo tu amor, habiendo abandonado el miedo, habiéndote permitido el camino hacia la evolución, habiendo empezado tu propia revolución.