Tu práctica diaria es un camino. El yoga, quien te acompaña.

En occidente nos ocupa lo externo mucho más de lo que les ocupa a otras culturas en el mundo. Un caso radicalmente opuesto al cuidado exterior que nos atañe en occidente sería el pueblo hindú, en el que la espiritualidad y los procesos y técnicas para la higiene de los órganos internos tiene una relevancia muy notable. Si me permitís, y sin voluntad de juzgar, voy a llamar superficialidad a lo externo y profundidad al cuidado interno.

En occidente, pues, estamos muy ocupados con la superficialidad. Esto no es ni bueno ni malo. Sencillamente es. Nos duchamos a diario o casi a diario. Nos cuidamos la piel. Le damos forma a nuestros cortes de pelo, y al afeitado. Escogemos perfumes. Vestimos según una u otra tendencia. Conducimos coches que, supuestamente, hablan de quiénes somos y cómo nos ganamos la vida. Y así podríamos seguir detallando ámbitos estéticos de nuestro día a día. Hay personas que creen que el yoga es un camino para llegar a uno de estos objetivos estéticos, íntimamente vinculado a la superficialidad: nuestra apariencia física. Estas personas acuden a a las sesiones de yoga como quien acude al gimnasio. Y, en verdad, no les falta razón. Efectivamente la práctica del yoga les va a ayudar en su objetivo de adecuar su apariencia física a los cánones establecidos en occidente. De todas formas me gustaría exponer otra dimensión que, quizás, pueda gustarles. Vamos allá.

El yoga es una ciencia que no tiene fin. El yoga en sí, por tanto, no es el camino. El camino es la práctica diaria o con la mayor frecuencia posible. El yoga es quien te acompaña en este camino. En la práctica del yoga la superficialidad tiene poco que aportar si lo comparamos al universo que aporta la profundidad. Es acertado identificar intensidad con profundidad, pero no lo es identificar la intensidad de la práctica del yoga a la intensidad en el deporte. Hay que tener presente que el yoga no es un deporte. Se parecen porque en los dos casos hay ejercicio físico. Pero la intensidad de la práctica en el yoga no es una cuestión aeróbica. De hecho no es ni una cuestión de esfuerzo físico. En este caso la intensidad es algo subjetivo, individual, particular. Cuanto más consigues conectar más cerca estás de las llaves que te permitirán comprenderlo. La intensidad de la práctica del yoga está orientada a liberar tu mente de la tensión que provocan los pensamientos cíclicos y, estrechamente vinculados al deporte, dos conceptos más: las expectativas y los deseos. Cuando la mente queda liberada de esa tensión se abre a la claridad y a las emociones que conectan con el bienestar. La claridad da paso a la conciencia, al control sobre tu cuerpo. De esta forma, durante la práctica te permites comprender qué, cómo y dónde situar el foco para relajar, mantener o incrementar la intensidad de tu práctica.

A lo largo de una sesión de yoga hay que saber combinar distintos niveles de intensidad para liberar la tensión física. Conseguir liberar la tensión física favorece el buen funcionamiento de tus órganos internos. El buen funcionamiento de tus órganos internos tiene un impacto inmediato y directo sobre tu estado de ánimo. Y tu estado de ánimo tiene un impacto directo sobre tu apariencia física.

Así que quizás deberíamos tener en cuenta el camino del yoga como un proceso para llegar a lo externo que tanto nos ocupa en occidente. Quizás el camino hacia lo superficial empieza en lo más profundo de nosotras y nosotros. Ese camino pide paciencia y constancia, sin duda. Y a la vez es un camino sin agresividad, económico y de auto satisfacción.

Conclusión: no pidas a tu instructor de yoga más o menos intensidad en la práctica porque el regulador está en tus manos. Y el regulador es la conciencia; tu capacidad para conectar cuerpo y mente.

 

Yoga, camino hacia la armonía

En la obra El banquete (o diálogo del amor) de Platón, Eryximaco expone el amor como resultado de la consonancia de elementos opuestos. Por ejemplo, dice, mientras el sonido agudo y el grave continúen oponiéndose no podrá haber armonía. Sólo es posible conseguir la armonía si entre estos elementos cesa la discordancia. Más adelante, siguiendo con su argumentario, se sirve de las estaciones del año para seguir refiriéndose a ella, a la armonía: todas las veces que los elementos (el frío, lo caliente, lo húmedo, lo seco…) contraen los unos por los otros un amor ordenado y componen una armonía justa y moderada, el año adquiere fertilidad y es saludable a los hombres, a las plantas y a todos los animales sin perjudicarlos en nada. Pero cuando es el amor intemperante el que prevalece en la constitución de las estaciones, destruye y arrasa casi todo, engendra la peste y toda clase de enfermedades que atacan a los animales y las plantas; las heladas, el granizo y el añublo provienen de este amor desordenado de los elementos. (Diálogos. Espasa-Calpe. 1979).

El amor hacia nosotras y nosotros mismos, sin juicios, desde el perdón, es nuestra armonía interior. Esa armonía interior nos aporta fortaleza emocional a la vez nos aporta estabilidad y seguridad; la base para poder afrontar los retos de la vida desde la creatividad. De todas formas para encontrar la armonía conviene lidiar con elementos opuestos de la misma forma que le conviene a las estaciones del año. En nuestro caso, el cuerpo y la mente. El cuerpo, que por naturaleza es vago, y la mente, que por naturaleza es frenética. El yoga es un camino para conseguir la consonancia entre estos dos elementos opuestos, la alineación de cuerpo y mente.  De esta forma, desde la armonía, desde tu fortaleza interior podrás proyectarte con todo tu amor, habiendo abandonado el miedo, habiéndote permitido el camino hacia la evolución, habiendo empezado tu propia revolución.

El yoga como revolución

Los profesionales de la salud mental prescriben, cada vez más, el yoga para combatir el estrés. De todas formas raramente se explica el por qué de esta relación, dejándolo en lo abstracto, lo cual muchas veces conduce a una práctica sesgada del yoga. En un artículo reciente, publicado en el diario El País, los expertos en yoga de India manifiestan su desagrado sobre cómo, en general, se está tratando el yoga en occidente: “está bien, pero llámalo fitness”, dicen. Y seguramente no les falta razón. 

El yoga actúa a nivel subjetivo, en tejidos profundos, glándulas (deteniendo la producción de cortisol) y órganos, de forma que el resultado de una práctica consciente se manifiesta a nivel físico, por supuesto y, también, a través de las emociones. Por lo tanto el yoga combate el estrés porque la práctica consciente lo sustrae de la cadena que nos lleva a las emociones. En vez de unas emociones alimentadas por el estrés, las emociones se alimentan de la práctica consciente del yoga. 

¿Cómo el yoga sustrae el estrés de la cadena de las emociones?

Nuestro cuerpo y nuestra mente actúan como una maceta lo hace con una semilla. La semilla es nuestro ser. Dicho de otra forma: nuestra intención en la vida. Imaginemos que nos disponemos a regar la maceta. Le echamos agua. Pero resulta que la tierra está seca, y de tan seca se ha vuelto impermeable y el agua, en vez de penetrar hasta la semilla, se escurre por los lados. De seguir así la semilla nunca llegará a ser la planta que está llamada a ser ni dará frutos. Lo mismo ocurre con nuestro cuerpo y nuestra mente. Debido al estilo de vida occidental, la tierra de nuestra maceta está seca. Nuestro cuerpo y nuestra mente acumulan tanta tensión que nos volvemos impermeables. Impermeables a algo fundamental como es la energía vital (prana) que debería distribuir nutrientes por todos los rincones del cuerpo. Y eso no es todo: la impermeabilidad también afecta las emociones. Las nuestras, desde luego, porque nos las bloquea, impidiendo canalizar nuestro amor fuera de nuestro círculo más íntimo limitado a pareja, hijos y poco más. Y nuestra actitud hacia las emociones de los demás, aislando nuestra empatía, nuestra capacidad receptiva, produciéndonos limitaciones, miedos y prejuicios a la hora de relacionarnos. 

El yoga sustrae el estrés creando espacio en nuestro cuerpo y mente, surcando la maceta para que el agua penetre hasta lo más profundo de nuestros tejidos y llegue a regar la semilla. Las asanas (las posturas) son ejercicios que desarrollan expansión desde la raíz, generando fuerzas contrarias que, como resultado, crean espacio en nuestro cuerpo. Y en la mente, porque la ocupamos en cada uno de los detalles de las asanas. Y también durante la meditación porque con la respiración controlada y consciente calmamos el ritmo cardíaco, calmando el ritmo cardíaco calmamos la actividad mental, y sólo calmando la actividad mental liberamos tensión; tanto tensión física como tensión emocional. 

Banksy

 

De esta forma el yoga nos acerca a la gratitud. Nos abre a recibir, comprender y compartir emociones. Porque lo contrario de la gratitud es el amor encerrado, el que se pudre, el que se convierte en rabia, el que nos tiene ocupados en cómo se percibe nuestro exterior más que aprender a percibir el interior de todo un universo. 

El yoga es gratitud, y la gratitud es la más pura de las revoluciones.

Duna Yoga

18 de julio de 2019.

Yoga por encima de las normas

En el periodo de nuestra formación en Swasti Yoga (Rishikesh, Índia), el maestro Surinder Singh, al ver que no dábamos abasto a retener el estudio de las asanas al estilo de una academia occidental, insistía que dejáramos de tomar apuntes y detallar, negro sobre blanco, cada una de las concreciones que nos brindaba. Al final le hicimos caso. Creo que por unanimidad. Y, como no, fue un acierto. El maestro Surinder Singh trataba que comprendiéramos algo que nos parecía del todo imposible. Decía: lo que estáis aprendiendo aquí se reflejará en el momento en que lleguéis de nuevo a vuestras tierras y empecéis a desarrollar vuestro propio yoga. Y por sorpresa nuestra así ha sido. Por supuesto que buena parte del mérito, si no todo, recae en su figura, en la capacidad por despertar el yoga que todas y todos llevamos dentro.

Aún y así, en el mundo del yoga siguen existiendo muchos casos en los que la práctica se somete a  una enorme rigidez e incluso ortodoxia. Someter la práctica a unas reglas, sin más, sin dar oportunidad a ser comprendidas, sin entender cómo nos ayudan a unir cuerpo y mente, implica un camino que nos aleja de las virtudes del yoga y, en consecuencia, nos aleja del desarrollo de nuestro propio ser.

 

Es el yoga el que se adapta a nosotras y no al revés. Es la suma de consciencia y determinación en cada una de las asanas lo que nos permite descubrir nuestro propio bienestar. Y el bienestar cada uno lo entiende a su manera, sin normas. Porque el bienestar es paz, es amor, y el yoga, como el amor, está por encima de las reglas.

 

Duna Yoga

2 de maig de 2019. Maó, Menorca.

El esfuerzo y la fuerza en el Yoga

Nuestra sociedad exige esfuerzo. Aunque de hecho no es del todo así. No es la sociedad quien exige esfuerzo sino la educación que hemos recibido. Esfuerzo en la escuela, en los estudios, en el trabajo, en dar cobertura a la atención familiar, en los amigos… En estos momentos unas compañeras de yoga están estudiando oposiciones para consolidar su puesto de trabajo. Es curioso porque con el solo hecho de conocerlas ya percibes que son unas profesionales excelentes que aman su profesión. ¿Por qué tendrán que ahora hacer un esfuerzo añadido para garantizarse algo que aman y que, además, hacen bien y es para los demás? ¿No es un tanto absurdo que un examen vaya a garantizar un trabajo al que se entregan con el alma?

Quizás cuando nos decimos a nosotras mismas que hay que hacer un esfuerzo en realidad lo que queremos decir es que hay que hacer un “sobre esfuerzo”. Y con los “sobre esfuerzos” hay que ir con cuidado porque acaban pasando factura.

En el Yoga no existe asana que tenga que soportar un “sobre esfuerzo”. Si en algún momento sentimos que estamos forzando demasiado es momento de replantearse qué podemos mejorar para avanzar en mejores condiciones. Quizás un pequeño ajuste de cadera, quizás un ajuste en la torsión, quizás balancear peso hacia el pié base… Esto no quita que hay que seguir fortaleciéndonos para la práctica, porque la fuerza nos da estabilidad, la estabilidad nos aporta seguridad, y la seguridad es la base para poder afrontar los retos desde la creatividad. Tanto los retos que nos plantea la práctica del yoga como los retos de la vida.

Pero luego, ¿dónde está el esfuerzo en el yoga? Bueno, pues resulta que sobretodo está antes de la práctica. Claro que durante la práctica también hay un esfuerzo, pero creo que estaremos de acuerdo que una vez dentro, y aún más al finalizar la sesión, sentimos una agradable sensación de gratitud hacia nuestra propia práctica. El esfuerzo, decíamos, está antes. El esfuerzo está en mantener la constancia en la práctica, sobretodo en estos días en que la primavera entre que nos aturde, nos regala un poco más de pereza de lo habitual y un estallido de naturaleza precioso.

Ánimos y un poco de esfuerzo para seguir practicando.

 

Duna Yoga

8 d’abril de 2019.

Yoga, el camino de la determinación

En raras ocasiones, muy pocas, en las asanas de Yoga hay que hacer fuerza. Otra cosa es estar fuerte, que sí es conveniente, pero esto es algo que el Yoga te aporta día tras día, a medida que avanzas en la práctica. Con el Yoga trabajas la fuerza, la fuerza que te da estabilidad, la estabilidad que te da seguridad, y la seguridad como marco necesario para desarrollar la creatividad y la determinación necesaria que permite encarar, con garantías, los retos de la vida.

Algunos ejemplos de esta demanda de determinación la vemos en algunas de las posturas invertidas: sarvangasana, sirsasana, kakasana… Y también en algunas que no son invertidas y, a la vez, aparentemente, más sencillas como vriksasana, conocida también como postura del árbol. En vriksasana solemos fijar el reto en mantener el equilibrio. Bien, es cierto que se trata de una asana de equilibrio, aunque la próxima vez, en lugar de fijar la atención en mantener el equilibrio, trata de crecer. Sí, sólo esto. Cambia el verbo “mantener” por el verbo “crecer” y aplícalo. Verás la diferencia. Una flor no ha venido a este mundo a mantener el equilibrio, ha venido a crecer hacia la luz, con determinación. Igual que tú no has venido a este mundo a hacer equilibrios, has venido a desarrollar tu ser, con determinación.

Este principio es aplicable a todo el Yoga y, por extensión, a nuestro día a día. Encarar las asanas con el camino de la determinación te ayudará a unir mente y cuerpo. Combinar la determinación con la respiración te hará brillar.

Namaste.

Duna Yoga

 

El Yoga no es para mí, no tengo flexibilidad

He oído esta frase muchas veces. Y en realidad tendría que ser al revés: como no tengo flexibilidad, el yoga sí es para mí. La creencia que sólo es posible practicar yoga si se dispone de flexibilidad (cuando en realidad queremos decir elasticidad) es reflejo del planteamiento, demasiadas veces superficial y erróneo, con la que formulamos nuestro día a día en la sociedad occidental. El yoga no es solamente una cuestión física. De hecho, lo que hay de físico en el yoga es consecuencia y resultado de una práctica más profunda que tiene raíz en la respiración.

No basta identificar el grado de elasticidad con nuestro metabolismo. Hay parte de esta elasticidad que explica tu manera de encarar la vida. Por ejemplo, una persona sometida a un estrés continuado deriva a estados de tensión. Esta tensión se manifiesta de distintas formas en dos contextos: psicológico o emocional, y físico.

La tensión en el contexto psicológico o emocional es fruto de una actividad mental frenética. Un ataque sin escrúpulos de los propios pensamientos, muchos de ellos destructivos, que nos llevan al agotamiento. La tensión en el contexto físico se traduce en rigidez, contracturas, lesiones y alteraciones de los órganos.

¿Cómo ponemos remedio a este estado de tensión? Una opción es a base de hartarse de antiinflamatorios, relajantes musculares y ansiolíticos. La otra opción es ejerciendo control sobre la respiración. La primera opción tiene efectos inmediatos pero temporales, además de abocar el organismo a la dependencia. La segunda opción tiene efectos a medio plazo pero prolongados y auto controlables.

Para actuar sobre el bloqueo físico y mental hay que liberar tensión. Para liberar tensión, ejercemos control sobre la respiración y, más concretamente, sobre la exhalación. Buscamos exhalaciones lentas: le vamos a dedicar dos, tres o incluso más veces del tiempo que dedicamos a la inhalación. Con las exhalaciones lentas conseguimos calmar el ritmo cardíaco. Sólo calmando el ritmo cardíaco conseguimos calmar la actividad mental. Y sólo calmando la actividad mental conseguimos liberar tensión, tanto la tensión física como la tensión emocional. Este trabajo es la base del yoga y, sin duda, va a mejorar tu elasticidad.  

Duna Yoga. Febrero de 2019.

El yoga: un estadio de confort

En los entornos del coaching se suele hablar de la necesidad de salir de la zona de confort para poder crecer en lo personal. Este concepto no es tan sencillo como parece, y su complejidad puede llevar a serias confusiones que pueden derivar en angustia y estrés.

Es cierto que la rutina y determinadas pautas de comportamiento invitan al estancamiento. Es normal; dentro de esta rutina, dentro de estas pautas de comportamiento, la vida es fácil, cómoda. Llevamos tanto tiempo viviendo lo mismo que ejercemos un control absoluto sobre nuestras tareas diarias y, en consecuencia, las inseguridades son mínimas, tan mínimas como las probabilidades de cometer errores. El precio a pagar es la monotonía y la evasión dentro de nuestra propia burbuja, lo cual suele traducirse en niveles notables de indiferencia respecto al entorno: humanidad, naturaleza, sociedad, cultura…

¿Significa esto que deberíamos huir de la confortabilidad? Sí y no. Huir de la confortabilidad es positivo siempre y cuando la persona se sienta preparada para dar este paso y comprenda que es dentro de un contexto excepcional. Si no es así y, además, se convierte en una situación prolongada, la persona va a desembocar en un sinvivir.

Sin duda fuera de la confortabilidad se presentarán escenarios nuevos: otra gente, otros parámetros, otras maneras de entender la vida, y esto suele ser positivo. Pero también es cierto que cuando dejamos nuestro estadio de confort y entramos en un nuevo estadio hay que conseguir, cuanto antes, el confort en este nuevo escenario, porque sólo desde el confort es posible avanzar. Fijaros en vuestro día a día, centrad la atención en recordar los inicios de lo que ahora son vuestras tareas diarias: en aquel entonces, al principio, no había confortabilidad. No había confortabilidad porque no había seguridad, no había suficiente confianza en uno mismo para afrontar los retos, las tareas. Una vez se consigue la confianza y la seguridad, los retos, las tareas, en lo general, se vuelven cómodas y placenteras.

Con el yoga ocurre lo mismo. Las asanas son un constante reto que hay que encarar con creatividad. Desde el primer momento hay que asumir a la incomodidad de las asanas con el objetivo de avanzar hacia un espacio cómodo. Lo importante no es plantearse si se hacen bien o mal las asanas. El planteamiento correcto es encontrar en confort para poder avanzar. Entrar en la incomodidad para salir al encontrar un nuevo confort. Y así paso a paso. Sólo de esta manera es posible el progreso en el yoga.

El yoga, por definición, persigue la unión de cuerpo y mente. Y solamente hay una herramienta que permita esta unión: la respiración. Es la respiración la que nos conduce a estadios de confort. ¿Qué le ocurre a la respiración cuando nos sentimos incómodos? La respiración se acelera, las inhalaciones y exhalaciones son cortas y demasiado frecuentes. Por el contrario, qué le ocurre a la respiración cuando nos sentimos cómodos? La respiración se vuelve agradable, relajante. Esto nos da una pista sobre cómo orientar nuestros estadios hacia el confort: ejerciendo control sobre la respiración. Y más concretamente, ejerciendo control sobre las exhalaciones: estas deben ser pausadas; dedicar a la exhalación dos, tres o hasta incluso más veces el tiempo que dedicamos a la inhalación. De esta forma la incomodidad y las tensiones que nos limitan se liberan dando paso a un estadio de confort donde unimos mente y cuerpo. Es este estadio el que nos permite avanzar.

Duna Yoga. Febrero de 2019.