El esfuerzo y la fuerza en el Yoga

Nuestra sociedad exige esfuerzo. Aunque de hecho no es del todo así. No es la sociedad quien exige esfuerzo sino la educación que hemos recibido. Esfuerzo en la escuela, en los estudios, en el trabajo, en dar cobertura a la atención familiar, en los amigos… En estos momentos unas compañeras de yoga están estudiando oposiciones para consolidar su puesto de trabajo. Es curioso porque con el solo hecho de conocerlas ya percibes que son unas profesionales excelentes que aman su profesión. ¿Por qué tendrán que ahora hacer un esfuerzo añadido para garantizarse algo que aman y que, además, hacen bien y es para los demás? ¿No es un tanto absurdo que un examen vaya a garantizar un trabajo al que se entregan con el alma?

Quizás cuando nos decimos a nosotras mismas que hay que hacer un esfuerzo en realidad lo que queremos decir es que hay que hacer un “sobre esfuerzo”. Y con los “sobre esfuerzos” hay que ir con cuidado porque acaban pasando factura.

En el Yoga no existe asana que tenga que soportar un “sobre esfuerzo”. Si en algún momento sentimos que estamos forzando demasiado es momento de replantearse qué podemos mejorar para avanzar en mejores condiciones. Quizás un pequeño ajuste de cadera, quizás un ajuste en la torsión, quizás balancear peso hacia el pié base… Esto no quita que hay que seguir fortaleciéndonos para la práctica, porque la fuerza nos da estabilidad, la estabilidad nos aporta seguridad, y la seguridad es la base para poder afrontar los retos desde la creatividad. Tanto los retos que nos plantea la práctica del yoga como los retos de la vida.

Pero luego, ¿dónde está el esfuerzo en el yoga? Bueno, pues resulta que sobretodo está antes de la práctica. Claro que durante la práctica también hay un esfuerzo, pero creo que estaremos de acuerdo que una vez dentro, y aún más al finalizar la sesión, sentimos una agradable sensación de gratitud hacia nuestra propia práctica. El esfuerzo, decíamos, está antes. El esfuerzo está en mantener la constancia en la práctica, sobretodo en estos días en que la primavera entre que nos aturde, nos regala un poco más de pereza de lo habitual y un estallido de naturaleza precioso.

Ánimos y un poco de esfuerzo para seguir practicando.

 

Duna Yoga

8 d’abril de 2019.

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