El yoga: un estadio de confort

En los entornos del coaching se suele hablar de la necesidad de salir de la zona de confort para poder crecer en lo personal. Este concepto no es tan sencillo como parece, y su complejidad puede llevar a serias confusiones que pueden derivar en angustia y estrés.

Es cierto que la rutina y determinadas pautas de comportamiento invitan al estancamiento. Es normal; dentro de esta rutina, dentro de estas pautas de comportamiento, la vida es fácil, cómoda. Llevamos tanto tiempo viviendo lo mismo que ejercemos un control absoluto sobre nuestras tareas diarias y, en consecuencia, las inseguridades son mínimas, tan mínimas como las probabilidades de cometer errores. El precio a pagar es la monotonía y la evasión dentro de nuestra propia burbuja, lo cual suele traducirse en niveles notables de indiferencia respecto al entorno: humanidad, naturaleza, sociedad, cultura…

¿Significa esto que deberíamos huir de la confortabilidad? Sí y no. Huir de la confortabilidad es positivo siempre y cuando la persona se sienta preparada para dar este paso y comprenda que es dentro de un contexto excepcional. Si no es así y, además, se convierte en una situación prolongada, la persona va a desembocar en un sinvivir.

Sin duda fuera de la confortabilidad se presentarán escenarios nuevos: otra gente, otros parámetros, otras maneras de entender la vida, y esto suele ser positivo. Pero también es cierto que cuando dejamos nuestro estadio de confort y entramos en un nuevo estadio hay que conseguir, cuanto antes, el confort en este nuevo escenario, porque sólo desde el confort es posible avanzar. Fijaros en vuestro día a día, centrad la atención en recordar los inicios de lo que ahora son vuestras tareas diarias: en aquel entonces, al principio, no había confortabilidad. No había confortabilidad porque no había seguridad, no había suficiente confianza en uno mismo para afrontar los retos, las tareas. Una vez se consigue la confianza y la seguridad, los retos, las tareas, en lo general, se vuelven cómodas y placenteras.

Con el yoga ocurre lo mismo. Las asanas son un constante reto que hay que encarar con creatividad. Desde el primer momento hay que asumir a la incomodidad de las asanas con el objetivo de avanzar hacia un espacio cómodo. Lo importante no es plantearse si se hacen bien o mal las asanas. El planteamiento correcto es encontrar en confort para poder avanzar. Entrar en la incomodidad para salir al encontrar un nuevo confort. Y así paso a paso. Sólo de esta manera es posible el progreso en el yoga.

El yoga, por definición, persigue la unión de cuerpo y mente. Y solamente hay una herramienta que permita esta unión: la respiración. Es la respiración la que nos conduce a estadios de confort. ¿Qué le ocurre a la respiración cuando nos sentimos incómodos? La respiración se acelera, las inhalaciones y exhalaciones son cortas y demasiado frecuentes. Por el contrario, qué le ocurre a la respiración cuando nos sentimos cómodos? La respiración se vuelve agradable, relajante. Esto nos da una pista sobre cómo orientar nuestros estadios hacia el confort: ejerciendo control sobre la respiración. Y más concretamente, ejerciendo control sobre las exhalaciones: estas deben ser pausadas; dedicar a la exhalación dos, tres o hasta incluso más veces el tiempo que dedicamos a la inhalación. De esta forma la incomodidad y las tensiones que nos limitan se liberan dando paso a un estadio de confort donde unimos mente y cuerpo. Es este estadio el que nos permite avanzar.

Duna Yoga. Febrero de 2019.

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